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lunes, 2 de diciembre de 2013

El Madrid de Los Austrias

El sábado quedé con un conocido por el centro de Madrid, en el mismo centro puesto que quedamos en la Puerta del Sol, esa plaza de la que parten simbólicamente todas las carreteras de España, en la que han ocurrido mil cosas desde la proclamación de la Segunda República hasta el 15-M. Es el palpitante corazón de Madrid por donde pasan decenas de miles de personas todos los días, trabajadores, estudiantes, juerguistas nocturnos que esperan a sus colegas en este lugar de camino a los lugares de marcha próximos, miles de extranjeros de visita de día y también como los madrileños de marcha de noche.

Ese centro palpitante en el que los guiris participan en fiestas y reuniones de intercambio en las que buscan hablar español a cambio de que los ibéricos puedan hablar en inglés o en el cada vez más demandado alemán. 
Tras un rato de charla comenzamos a andar entre la marabunta humana para meternos rodeando el hoy edificio de la Comunidad de Madrid por la Calle del Correo donde en otro tiempo llegaban las diligencias procedentes de provincias entre la algarabía general.Subimos a Pontejos donde una pequeña estatua nos recuerda al que fuera en el siglo XIX alcalde de Madrid. Allí podemos ver un edificio en el que en aquella centuria vivían todos juntos, ricos y pobres, los ricos abajo en pisos más grandes, los pobres arriba, cosa lógica ya que se subía a pata.

La estatua de Felipe III obra de Pietro Tacca. Fue instalada en la plaza en 1848
Dejamos Pontejos de lado y pasando de refilón por el Palacio de Santa Cruz, sede hoy del Ministerio de Asuntos Exteriores, antigua Cárcel de Corte donde algunos madrileños "durmieron bajo el ángel", (pasad por allí y sabréis por qué) entramos en la Plaza Mayor, aquella plaza que en el siglo XV fue la Plaza del Arrabal donde se celebraba el mercado. A finales del siglo XVI se comenzó a construír la plaza que hoy conocemos durante el reinado de Felipe II y se terminaría ya en tiempos de Felipe III. Una plaza testigo de numerosos hechos, no siempre agradables como los llamados "autos de fe" en los que se juzgaba y ejecutaba a los herejes. Hoy en día tiene usos menos macabros como por ejemplo el tradicional mercadillo navideño que se pone por estas fechas.

Saliendo de esta plaza nos dirigimos hacia la Colegiata de San Isidro, que fue la antigua catedral de Madrid y que alberga el cuerpo del santo del mismo nombre que es a la sazón el patrón de Madrid. Recreándonos en las callejuelas del viejo Madrid pasamos también por Puerta Cerrada y andando por la Calle del Codo
Colegiata de San Isidro
nos colamos de rondón en la Plaza de la Villa, que otrora fuera el centro del poder de la ciudad. En la Casa de la Villa tenía su despacho el regidor de la población, un edificio decimonónico obra de Juan Gómez de Mora y José de Villareal. A la derecha de este edificio podemos ver la Casa de Cisneros, del siglo XVI, llamada así por haber pertenecido al sobrino de este clérigo y que fuera comprada y reformada por el Ayuntamiento a principios del siglo XX uniéndola a la ya mencionada Casa de la Villa por un pasadizo.

No podemos olvidar la Casa y Torre de los Lujanes que pertenecieron a esta rica familia aragonesa de comerciantes del siglo XV. Se dice que en esta torre estuvo Francisco I de Francia que fue hecho prisionero en la Batalla de Pavía. Cuenta la leyenda que el rey galo se negaba a hacerle la reverencia al emperador Carlos V, de  modo que este hizo colocar una barra que en la estrechez de la torre hizo que Francisco I tuviera que agacharse y cuando estaba agachado el emperador que se hallaba escondido salió de su escondrijo, dándose cuenta el galo de que había hecho aquello que se negaba a hacer.
Plaza de la Villa

La visita ha finalizado en la Plaza de Oriente contemplando la Catedral de la Almudena terminada a finales del siglo XX y bendecida por Juan Pablo II, una catedral comenzada en el siglo XIX, más de 100 años de obras hasta verla concluída.

Es un edificio que de noche tiene un impresionante aspecto, como si fuera un gigantesco barco que surgiera de improviso navegando en medio de un inexistente mar en medio de La Meseta.


Si Paris bien vale una misa, Madrid lo menos vale otra, queridos amigos, este es tan sólo un ejemplo de los tesoros que guarda nuestra capital, tan sólo estamos empezando a descubrirla. Más fotos en: https://www.facebook.com/media/set/?set=a.1436892856527233.1073741836.100006195969013&type=1&l=4bd9bab83a

Catedral de la Almudena